feb 102016
 

La incertidumbre con la que hemos comenzado 2016, con sospechosos habituales como China o el petróleo generando importantes vaivenes en los mercados, ha servido de excusa para pinchar la burbuja tecnológica a este lado del Atlántico. Un hecho del que ya se ha venido hablando desde hace tiempo pero del que ya se pueden encontrar señales evidentes.

El más contundente de ellos está en el desplome que sufre el Nasdaq Compuesto, que desde el pasado mes de julio se ha derrumbado un 18% y es el indicador bursátil que acelera la posibilidad de un mercado bajista.

No es para menos. Incluso las vacas sagradas de la tecnología han dado más de un susto durante las últimas semanas. Entre ellas destaca Apple, que no sólo proyecta una caída en sus ventas en el trimestre en curso sino que en lo que llevamos de año ha perdido un 10% de su valor y borrado más de 60.000 millones de dólares en capitalización bursátil.

Alphabet, que tras presentar unos resultados trimestrales convincentes y arrebatar a la de Cupertino el título de compañía más valiosa del mundo, acumula pérdidas del 8,5%. Facebook, la red social de Mark Zuckerberg, cuyas cifras trimestrales también superaban expectativas, se dejan, de momento, un 3,5% desde el arranque de 2016.

Masacre en la segunda oleada

Sin embargo, la verdadera masacre llega de mano de las compañías fruto de la segunda oleada de Internet, la web 2.0, donde salvo contadas excepciones como la de Facebook, las pérdidas son evidentes. Twitter sigue sin encontrar un rumbo claro y se deja en 2016 un 36%. Desde su salida a bolsa, sus inversores han visto como se ha esfumado un 64,5% del valor de sus títulos.

Otro caso sangrante es el de LinkedIn, la red social para profesionales, que se ha dejado desde el 4 de enero un 52% de su valor. En este caso, sin embargo, sus acciones acumulan subidas del 15,9% desde su estreno en el parqué a finales de mayo de 2011.

Desde JP Morgan, el analista estrella del sector tecnológico Marko Kolanovic estimaba en un informe distribuido entre sus clientes que la burbuja tecnológica acumulada durante los últimos años ha terminado por estallar. “Mientras muchas de estas compañías podrán dar lugar a avances tecnológicos importantes, existen señales de exceso y destrucción de capital para sus accionistas en el futuro”, explica.

En este sentido, el experto considera que muchas compañías tecnológicas, especialmente las mejor posicionadas como Apple, Alphabet o Amazon, “pueden poner sus esperanzas en proyectos extravagantes tales como coches, naves espaciales o aviones no tripulados pero estos proyectos son síntomas del exceso acumulado”.

¿Se repite el 2000?

Con estas declaraciones, Kolanovic hace hincapié en las conocidas bajo el acrónimo de F.A.N.G (Facebook, Amazon, Netflix y Google), que se convirtieron en las niñas bonitas del mercado a lo largo del año pasado pero cuya euforia ha emulado comportamientos de la burbuja de las puntocom del 2000.

De hecho el analista de JP Morgan cuestiona la prudencia de muchos inversores a largo plazo, especialmente los jubilados estadounidenses, que han apostado por estos valores, cuyos tres principales componentes duplican el valor de todos los valores que componen el US S&P small-cap universe (compuesto por 600 compañías).

“Este tipo de inversiones son cuestionables dado el riesgo que implican”, aclara. Estadísticamente, durante un largo periodo de tiempo, las compañías pequeñas suelen aventajar la rentabilidad de las compañías de gran capitalización en un 75% de las ocasiones.

Mala pinta para las más jóvenes

Sobre otros valores más jóvenes y peor posicionados como Twitter o LinkedIn, Kolanovic recuerda que “las preferencias de los usuarios de redes sociales cambian drásticamente”. Un hecho importante a tener en cuenta y que JP Morgan ejemplifica con nombres como Friendster o Myspace. “El corto ciclo de vida de estas compañías está asociado a unas barreras de entrada mucho más bajas y cambios frecuentes que están ligados a las modas de las generaciones más jóvenes”, explica el analista del banco estadounidense.

Al respecto añade que los modelos de valoración de estas compañías no suelen tener en cuenta la corta vida de su ciclo de negocio. “Seguimos viajando en aviones diseñados hace 40 años pero los usuarios de las redes sociales son mucho más impulsivos y las tendencias han cambiado radicalmente en la última década”, incide en su informe. “Los aviones, por ejemplo, no pueden construirse en la habitación de una residencia universitaria y no pasan de moda como lo hacen las aplicaciones”, sentencia.

A la espera de lo que pueda suceder en los próximos meses, es cierto que los valores tecnológicos han borrado desde que comenzase el año más de medio billón de dólares en capitalización bursátil y el Nasdaq Compuesto se postula como el primer indicador bursátil en EEUU que podría acabar borrando un 20% de su rentabilidad desde sus máximos, un hecho que oficializaría su tendencia bajista.

Fuente: ElEconomista – “Masacre en Silicon Valley”