ene 242016
 

Francis Fukuyama, conocido influyente politólogo e investigador de la Universidad de Stanford, escribe en El economista sobre la presente competencia entre modelos de desarrollo económico y acerca de cómo China busca expandir su modelo. Remarca que el resultado de esta competencia determinará el destino de gran parte de Eurasia durante las próximas décadas.

Debido a que el crecimiento en China se desaceleró, los líderes del país buscan el cambio de un modelo de crecimiento orientado a las exportaciones a otro basado en el consumo interno y los servicios. Sin embargo, estos planes implican además una importante dimensión externa. Tres años atrás, el presidente Xi Jinping anunció una iniciativa que implicaba vincular por ferrocarril a China Occidental con Asia Central y, desde allí, con Europa, Oriente Medio y Asia Meridional. Su propósito es desarrollar capacidad industrial y demanda de consumo fuera de China. En vez de extraer materia prima, busca desplazar su industria pesada a países menos desarrollados, enriqueciéndolos y fomentando su demanda de productos chinos.

El modelo de desarrollo de China es diferente del de Occidente. Se basa en inversiones masivas en infraestructura lideradas por el Estado –rutas, puertos, generación eléctrica, trenes y aeropuertos– que faciliten el desarrollo industrial. Los economistas estadounidenses reniegan de esta propuesta debido a las posibilidades que se abren para la corrupción y el usufructo particular cuando la participación estatal es tan intensa.

Fukuyama hace énfasis en el gran interrogante sobre cuál de estos modelos se impondrá en un futuro. Si el modelo chino lo logrará, aumentando sus ingresos y demanda de productos reemplazando a mercados estancados, o si esta medida se verá perjudicada por la inestabilidad, el conflicto y la corrupción que interferirán con sus planes.

Al mismo tiempo el autor resalta la dificultad que ha existido en EE.UU. y en otros países occidentales para construir infraestructura tanto en países en vías de desarrollo como también en sus propios territorios.

Finaliza el artículo con una gran frase que deja mucho que pensar:
“A menos que lo hagamos, nos arriesgamos a ceder el futuro de Eurasia y otras partes importantes del mundo a China y su modelo de desarrollo”.

 

Fuente: El economista.